De la COP17 a la COP18: Por qué la sociedad civil es importante para el futuro de la restauración de tierras

La conclusión de la 17ª Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación (UNCCD COP17) en Ulán Bator, Mongolia, no marcó el fin de una conversación, sino el inicio de otra fase importante en el avance de los esfuerzos globales para combatir la desertificación, restaurar tierras degradadas y fortalecer la resiliencia comunitaria.
Más allá de las negociaciones y compromisos internacionales, la COP17 reforzó un mensaje fundamental: la restauración sostenible de la tierra no puede lograrse sin la participación significativa de las comunidades cuyas vidas y medios de subsistencia dependen de la tierra.
Este mensaje se reflejó durante la Reunión de Resultados de la COP17 celebrada el 7 de octubre de 2026, como parte del proceso de la sociedad civil de la UNCUD. La reunión reunió a representantes de la Secretaría de la UNCD y de Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) de diferentes regiones para reflexionar sobre los logros de la conferencia, los desafíos encontrados y las prioridades que se afrontan ante la COP18.
Para la Fundación Alto Atlas (HAF), que participó en la COP17 a través de su vicepresidente, Souad Agnaou, estas reflexiones resuenan fuertemente con su enfoque comunitario hacia el desarrollo sostenible en Marruecos. La experiencia de HAF demuestra que la restauración ambiental no es simplemente una intervención técnica. Es un proceso participativo que requiere conocimiento local, apropiación comunitaria, toma de decisiones inclusiva y compromiso a largo plazo.
Sociedad civil en la COP17: Participación más allá de la mesa de negociaciones
Una de las características definitorias de la COP17 fue la fuerte presencia de la sociedad civil y otros actores no estatales. Según cifras compartidas por la Secretaría de la UNCCD durante la reunión de resultados, su participación superó a la de los representantes del Partido, mientras que el número de organizaciones acreditadas de la sociedad civil aumentó significativamente, pasando de aproximadamente 1.100 al inicio de la COP17 a casi 2.000 después.
Este creciente compromiso refleja un reconocimiento creciente del papel que desempeña la sociedad civil en la lucha contra la degradación de la tierra, la sequía y los desafíos interconectados del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el desarrollo sostenible.
Sin embargo, una mayor participación no se traducía necesariamente en mayor influencia en las negociaciones formales.
Varios temas de especial importancia para la sociedad civil, incluyendo la participación y el género, no se abordaron como puntos dedicados a la agenda durante la COP17. Esto supuso un desafío para las organizaciones que abogan por una gobernanza ambiental más inclusiva y un mayor reconocimiento de las contribuciones de mujeres, jóvenes, pueblos indígenas, agricultores, ganaderos y comunidades locales.
En lugar de permitir que estas limitaciones silenciaran sus prioridades, los representantes de la sociedad civil reforzaron su coordinación entre regiones y comunidades. A través de la participación colectiva, continuaron abogando por una toma de decisiones inclusiva y el reconocimiento de las comunidades como socios esenciales en la implementación de la Convención.
Un mensaje central de la declaración de la sociedad civil era claro: las personas que dependen de la tierra deben participar activamente en las decisiones sobre su futuro.
Creando espacio para el diálogo, la inclusión y la rendición de cuentas
La COP17 demostró que la participación significativa va más allá de las sesiones formales de negociación. También se lleva a cabo a través del diálogo, la defensa, el intercambio de conocimientos y la acción colectiva.
A lo largo de la conferencia, las organizaciones de la sociedad civil se movilizaron a través de diversas plataformas para asegurar que las perspectivas de las comunidades permanecieran visibles.
Cuatro ruedas de prensa destacaron las prioridades de la sociedad civil y las contribuciones de los pueblos indígenas, pastores, mujeres, jóvenes y comunidades locales a la gestión sostenible de la tierra. Las actualizaciones diarias ayudaron a comunicar los avances a lo largo de la conferencia, mientras que las acciones colectivas pedían mayor rendición de cuentas, justicia ambiental y gobernanza inclusiva.
Dos sesiones de diálogo abierto ofrecieron oportunidades especialmente valiosas de participación. La primera abordó la tenencia de la tierra, un problema fundamental que afecta al acceso y control de las comunidades a los recursos naturales. La segunda se centró en el agua y las finanzas, dos desafíos interconectados que influyen directamente en la capacidad de las comunidades para adaptarse a la sequía e invertir en la restauración sostenible de la tierra.
Estas discusiones ayudaron a incorporar cuestiones críticas al proceso más amplio de la COP, incluso cuando el progreso en la agenda formal de negociación seguía siendo limitado.
También reforzaron un importante cambio de perspectiva: la sociedad civil no debe ser vista únicamente como observadora o defensora de los procesos ambientales internacionales, sino como un socio esencial en el diseño, implementación, supervisión y evaluación de iniciativas de desarrollo sostenible.
Conectando los compromisos globales con las realidades locales
Para la Fundación Alto Atlas, las discusiones en la COP17 reflejan las realidades que ha encontrado a través de su trabajo con comunidades rurales en todo Marruecos.
La degradación de la tierra, la escasez de agua y las condiciones climáticas cada vez más impredecibles no son desafíos ambientales abstractos. Afectan directamente a la productividad agrícola, los ingresos familiares, la seguridad alimentaria y las oportunidades disponibles para las futuras generaciones.
A través de su enfoque liderado por la comunidad, HAF trabaja junto a familias agrícolas, cooperativas de mujeres, asociaciones locales y jóvenes para identificar prioridades y desarrollar soluciones adaptadas a sus circunstancias medioambientales, sociales y económicas.
Estos esfuerzos incluyen agroforestería y plantación de árboles frutales, desarrollo de viveros comunitarios, mejora del acceso al agua, fortalecimiento de capacidades e iniciativas que refuerzan la participación de las mujeres en el desarrollo local.
La experiencia de HAF subraya que la restauración exitosa va más allá del número de árboles plantados o hectáreas rehabilitadas. También depende de si las comunidades disponen del conocimiento, recursos y poder de decisión necesarios para sostener estos esfuerzos a lo largo del tiempo.
Igualmente importante es reconocer el conocimiento que las comunidades ya poseen. Los agricultores comprenden sus paisajes, la disponibilidad local de agua, las prácticas agrícolas y las presiones medioambientales que afectan a sus medios de vida. Las mujeres y los jóvenes aportan perspectivas adicionales que pueden ayudar a crear soluciones más inclusivas y resilientes.
Incorporar estas perspectivas a los debates nacionales e internacionales es esencial para garantizar que las políticas y las inversiones medioambientales respondan a las necesidades reales sobre el terreno.
Los compromisos globales pueden establecer ambiciones compartidas, pero su éxito depende en última instancia de la propiedad local, recursos accesibles y una implementación sostenida.
Mirando hacia el futuro: desde los resultados de la COP17 hasta la acción de la COP18
El periodo entre la COP17 y la COP18 representa una oportunidad importante para convertir el diálogo en acción concreta.
Durante la reunión de resultados del 7 de octubre, la Secretaría de la UNCD animó a las organizaciones de la sociedad civil a examinar las decisiones adoptadas en la COP17 e identificar oportunidades para contribuir a su implementación a nivel nacional y local.
Esta siguiente fase también implicará el seguimiento del progreso hacia la Neutralidad en la Degradación de la Tierra (LDN), el fortalecimiento de la información nacional y la evaluación de cómo participan los diferentes actores en la implementación de la Convención.
Se espera que el Comité para la Revisión de la Implementación de la Convención (CRIC) ofrezca en 2027 una oportunidad adicional para evaluar los avances e identificar los desafíos de implementación.
Con la COP18 programada para celebrarse en Egipto en 2028, las organizaciones de la sociedad civil tienen un papel importante para mantener el impulso, compartir experiencias prácticas y asegurar que la inclusión siga siendo una prioridad durante todo el proceso de implementación.
Para la HAF, esto significa seguir conectando la acción local con las prioridades globales, defender enfoques que sitúen a las comunidades en el centro de la gestión sostenible de la tierra y aportar lecciones prácticas de su trabajo en Marruecos.
También significa reforzar la importancia de una financiación climática y de restauración accesible, el liderazgo femenino, la participación juvenil, el acceso seguro a la tierra y los recursos naturales, y asociaciones a largo plazo que fortalezcan la resiliencia comunitaria.
Más allá de la conferencia: Manteniendo a las comunidades en el centro
La COP17 demostró tanto la creciente fuerza de la participación de la sociedad civil como los desafíos que persisten para garantizar su influencia significativa en las decisiones medioambientales internacionales.
La reunión de resultados sirvió como recordatorio de que el valor de una conferencia global no debe medirse solo por las decisiones adoptadas, sino también por lo que ocurra después.
Para organizaciones como la High Atlas Foundation, el trabajo real continúa en las comunidades rurales, donde los compromisos medioambientales deben traducirse en mejoras de los medios de vida, paisajes restaurados, instituciones locales más fuertes y mayor resiliencia ante los desafíos climáticos y medioambientales.
A medida que avanzan los preparativos para la COP18, la prioridad debe ser fortalecer la conexión entre la política internacional y la implementación a nivel comunitario, asegurando que el conocimiento y las perspectivas locales no solo informen los debates, sino que influyan activamente en decisiones, inversiones y acciones.
Por tanto, el camino de la COP17 a la COP18 no consiste solo en avanzar en las negociaciones. Se trata de garantizar que los compromisos globales echen raíces en las comunidades, donde comience el cambio sostenible y donde su impacto sea más importante.
